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Las “hamburguesas vegetales” y el síndrome de Estocolmo

Actualizado: Lun, 26/10/2020 - 09:27

Hamburguesa vegetal

El pasado viernes 23 de octubre la Eurocámara dio luz verde a que las “hamburguesas vegetales” y las salchichas veganas no deban de etiquetarse como “tubos de verduras”, tal y como pretendía una enmienda parlamentaria que buscaba restringir que los productos de origen vegetal pudieran seguir usando la terminología típica de los cárnicos. Supuestamente, estas enmiendas estaban destinadas a evitar la confusión de los consumidores, lo que no deja de ser una solemne tontería, porque nadie en su sano juicio se comería una hamburguesa de tofu pensando equivocadamente que es de res, y viceversa. Sin embargo, esto plantea una pregunta: ¿es probable que muchos vegetarianos sufran algo parecido al síndrome de Estocolmo? 

Adelanto la respuesta: es posible que no, que la insistencia de muchos vegetarianos para llamar “leche” a las bebidas de soja y similares, “vegan sausages” a las salchichas, por no hablar del “queso vegano” y de los vegetales al “estilo yogurt”, no tenga nada que ver con el “deseo carnal” que cantaba Alaska. Lanzo el comentario porque los vegetarianos que conozco se horrorizan al contemplar un muslo de pollo por relacionarlo con el hueso del animal, del mismo modo que apartan la vista de una hamburguesa sangrante (sigue estando de moda la “imposible burger”, esto es, filetes de champiñones de “músculo completo” que sangran gracias a una astuta mezcla de remolacha y otras cosas) por entender lo que hay detrás: el maltrato y la esclavitud animal, la deforestación de grandes extensiones de África y su conversión en monocultivos para que el ganado del Primer Mundo paste, la contribución de la ganadería al cambio climático y… así podríamos seguir un buen rato. Entonces, ¿por qué diantres algunos vegetarianos disfrutan con hamburguesas sangrantes de sabor graso y textura cartilaginosa que inducen a pensar en un animal? 

La asociación de agricultores de la UE, Copa-Cogeca, que respaldaba que las denominaciones de venta para designar a los productos cárnicos “se reservaran exclusivamente para las partes comestibles de animales y los productos que contengan carne”, manifestó en el Parlamento europeo su intención de poner fin a las descripciones "surrealistas" de los alimentos. “El marketing está desconectado de la naturaleza real de los productos”, señaló Jean-Pierre Fleury, portavoz del grupo.

Por su parte, según manifestó Alex Gromminger, de ProVeg, una organización que busca promover y fomentar el vegetarianismo, “así como todos sabemos que la mantequilla de cacahuete no contiene mantequilla, los consumidores saben exactamente lo que están comprando cuando adquieren hamburguesas o salchichas vegetarianas”. La Asociación Médica Europea y los ecologistas consideraron también (con razón) que no había motivos para que las “hamburguesas vegetarianas” no pudieran seguir llamándose así. 

La votación posterior dio la razón a las hamburguesas verdes, a los chorizos veganos y a  los filetes rusos elaborados con lentejas, copos de avena y harina de garbanzos. En total, votaron en contra de que las hamburguesas vegetarianas tuvieran que cambiar de nombre 399 europarlamentarios, 243 lo hicieron a favor y 49 se abstuvieron.

Pero todavía queda por resolver la gran pregunta: ¿por qué tantos vegetarianos suspiran por la terminología de la carne? Apresuro una posible respuesta: porque, en realidad, no son vegetarianos. Por lo que sabemos de Estados Unidos, casi el 90% de quienes comen hamburguesas sin carne así como albóndigas y versiones de alitas de pollo a base de plantas no son vegetarianos, dice la NBC, sino, simplemente, personas que buscan encontrar alternativas saludables y sostenibles algunos días de la semana para no abusar de la carne. Algunos estudios, apuntan directamente con el dedo a los millennials. Según confirma Business Insider sobre este particular, el colectivo que está inspirando a empresas como Impossible Foods y Beyond Meat para revolucionar los sustitutos de la carne a base de plantas, no son los veganos ni los vegetarianos, sino omnívoros, que quieren seguir siéndolo, pero que reniegan de comer carne a todas horas, como hacen los osos polares a falta de árboles y plantas. Tal vez resida ahí la explicación…

Sin embargo, no lo considero un caso cerrado, así que continuaré investigando. De momento, me hago eco de otra primicia que alimenta el debate: “The Telegraph” informa que se acaba de crear un parche de beicon para quienes quieran reducir el consumo de carne, muy similar a los parches de nicotina que usan los fumadores para dejar el hábito (cuando rascas el parche, huele a beicon). El autor del invento, el profesor de Oxford, Charles Spence, que dirige el Laboratorio de Investigación de Crossmodal de la citada universidad, defiende que el olor de los alimentos pueden llevarnos a imaginar el acto de comer ese producto, evitando así su consumo real. El parche aún no está disponible para el gran público, pero ya se ha probado en varias ciudades inglesas como Leeds, Liverpool, Londres y Reading. Lo dicho: “seguiremos informando”…

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